Puertas acorazadas: mitos más comunes

Puertas acorazadas: mitos más comunes

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En el siguiente artículo vamos a hacer una introducción sobre puertas acorazadas, para cualquier persona que tenga intención de hacer una adquisición. Es normal que, a la hora de comprar una puerta acorazada para casa o negocio, tenga dificultades para saber qué se necesita realmente. Al tratarse de un producto complicado y de muchas personalizaciones, los clientes necesitan un asesoramiento añadido que sea justo y sincero.

Por ello, desde Anloar queremos incidir en los mitos de las puertas acorazadas más comunes de escuchar, tanto a vendedores como clientes. El objetivo será informar a cualquier comprador sobre nociones básicas que faciliten la adquisición de una puerta acorazada.

Primer mito: Cuantos más cerrojos, más seguridad tiene el cierre

Esta equivocación es probablemente la más extendida, ya que, parece una verdad sacada por el mero uso de la lógica. Pero lamentamos comentar que no es así, la calidad y la resistencia son factores distintos que suelen ir de la mano, pero son independientes.

Cuando un ladrón fuerza el cierre, los cerrojos no son atacados directamente, puesto que, en el forcejeo, se trata de llegar a los cerrojos mediante sistema de arrastre. De esta forma, se trata de simular la acción de meter la llave en la cerradura, dando igual la cantidad de cerrojos incorporados. Muchas marcas utilizan como estrategia para atraer a compradores novatos, los cuales desconocen este mito y terminan siendo presas de una presentación comercial.

Solución: Desde Anloar recomendamos la instalación de cerrojos con núcleos de arrastre independientes entre sí. Con ello se consigue separar cerraduras y bombillos, forzando al ladrón a duplicar el tiempo de ataque.

Segundo mito: Generalizar sobre las puertas acorazadas

Es habitual encontrarse con vendedores y empresas que, en el momento de etiquetar una puerta como acorazada, automáticamente se vuelve de alta seguridad. También ocurre que se utilizan derivados del concepto acorazado para puertas de madera con refuerzos de hierro, llamándose semi-acorazadas, o incluso acorazadas.

En Anloar dejamos bien claro que, dentro de las puertas acorazadas existen homologaciones correspondientes para concretar su nivel de seguridad. Por ejemplo, Seguridad Reina cuenta con puertas acorazadas certificadas por AENOR, como la Kiuso Serie K-XXI o la K-100, homologadas en Grado III, con posibilidad de Grado IV. Esta puerta está fabricada conforme normativa UNE EN 1627 y UNE 85160.

Dicho esto, la homologación de una puerta acorazada es algo opcional. Aun así, es bueno que el comprador se mantenga informado sobre el producto que va a comprar. Sobre todo, porque una puerta homologada y certificada tendrá un precio más elevado respecto a una que no lo está.

Tercer mito: Si al final todas las puertas acorazadas se pueden abrir

El último mito sobre puertas acorazadas de esta parte tiene relación con la popular creencia de que cualquier puerta acorazada se puede abrir. Es evidente que, si un ladrón dispone de tiempo infinito y un presupuesto extremadamente elevado, va a poder abrir prácticamente cualquier puerta, pero debemos ser realistas.

Cuando una puerta dispone de grados de seguridad, éstos suponen una garantía de tiempo y dinero que el delincuente deberá invertir en abrirla. Cuánto más alto sea el grado de seguridad, más tiempo y materiales sofisticados deberá aplicar para forzarla.

Los grados de seguridad que puede tener una puerta indican el nivel de resistencia al que ha sido sometida durante el ensayo de laboratorio. Por ello, con el avance de la tecnología, los ensayos se van modernizando, equiparando al desarrollo de herramientas que usan los delincuentes.

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